Tras el Día Mundial de la Salud Mental, los datos de la OMS muestran la dimensión de una necesidad que afecta a las familias, las escuelas y los lugares de trabajo. Naciones Unidas reclama atención cercana, respeto a los derechos y participación de quienes necesitan apoyo.
La campaña termina, pero la necesidad de ayuda permanece. Para una persona que vive con depresión, para un adolescente que enfrenta ansiedad o para una familia que no puede pagar una consulta, la salud mental sigue siendo una urgencia mucho después del 10 de octubre.
El Día Mundial de la Salud Mental permite visibilizar una realidad que los sistemas sanitarios todavía atienden de manera insuficiente. Más de mil millones de personas viven con trastornos mentales en el mundo, según los datos divulgados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en septiembre de 2025. La ansiedad y los trastornos depresivos figuran entre los más frecuentes. Sus consecuencias alcanzan la salud, la convivencia familiar, los estudios y el empleo.
La importancia de atenderlos también se mide en oportunidades: poder continuar una carrera, mantener un trabajo, cuidar de los hijos o recuperar una rutina. Cuando la atención resulta inaccesible, esas actividades cotidianas pueden convertirse en obstáculos difíciles de superar.
Una demanda enorme y recursos insuficientes
La distancia entre las necesidades y los recursos queda reflejada en el Atlas de Salud Mental 2024, publicado por la OMS en 2025. La mediana del gasto público destinado a salud mental se mantiene en 2 % de los presupuestos gubernamentales de salud, sin cambios desde 2017.
El informe, que reúne información de 144 países, registra además una mediana mundial de 13 trabajadores de salud mental por cada 100.000 habitantes, con una escasez especialmente marcada en los países de ingresos bajos y medios. Menos del 10 % de los países ha completado la transición hacia modelos de atención comunitaria.
Estas cifras permiten identificar una de las principales dificultades: reconocer que existe un problema no garantiza encontrar atención. Para que una campaña produzca cambios en la vida de las personas, hacen falta consultas accesibles, profesionales disponibles y servicios capaces de dar seguimiento.
La continuidad resulta decisiva. Una primera evaluación abre una posibilidad de atención, pero esa posibilidad pierde fuerza si la persona no puede costear las siguientes consultas o acceder al apoyo indicado.
Los adolescentes necesitan respuestas tempranas
La OMS estima que uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años vive con un trastorno mental. Muchos de estos problemas permanecen sin identificar y sin tratamiento.
La depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento están entre las principales causas de enfermedad y discapacidad durante la adolescencia. Cuando no reciben atención, sus consecuencias pueden extenderse a la vida adulta y limitar las oportunidades educativas y personales.
El entorno importa. La exposición a la pobreza, la violencia o el abuso puede aumentar la vulnerabilidad. Por el contrario, las relaciones protectoras en la familia, la escuela y la comunidad favorecen el bienestar. La OMS destaca también la importancia del descanso, la actividad física y el desarrollo de habilidades para afrontar dificultades y manejar las emociones.
Para las escuelas, esto plantea una responsabilidad que requiere respaldo institucional: disponer de herramientas para reconocer dificultades y orientar a las familias hacia servicios adecuados. Escuchar a un adolescente tiene mayor alcance cuando existe una red capaz de acompañarlo.
La salud mental también se juega en el trabajo
El impacto llega al mundo laboral. La OMS calcula que la depresión y la ansiedad ocasionan la pérdida de 12.000 millones de días de trabajo al año, con un costo aproximado de un billón de dólares —un millón de millones— en productividad perdida.
En su ficha sobre salud mental en el trabajo, actualizada en septiembre de 2026, el organismo identifica riesgos como las cargas excesivas, la inseguridad laboral, el acoso, la discriminación y la falta de control sobre las tareas. Un empleo digno, en cambio, puede aportar estabilidad económica, vínculos sociales y un sentido de propósito.
La respuesta implica revisar cómo se organiza el trabajo. La OMS recomienda prevenir los riesgos del entorno laboral, formar a quienes supervisan equipos y ofrecer ajustes que permitan a las personas con problemas de salud mental conservar o retomar su empleo. Entre ellos pueden figurar horarios flexibles, tiempo para acudir a consultas y una reincorporación gradual después de una ausencia.
El dato económico muestra la magnitud del impacto, aunque el valor de la atención va más allá de la productividad. También está en la posibilidad de trabajar con dignidad y recibir apoyo sin quedar expuesto a la exclusión.
La ONU pide escuchar a quienes viven el problema
En su mensaje por el Día Mundial de la Salud Mental de 2026, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, puso el foco en la participación de las personas que han vivido problemas de salud mental. Su experiencia, señaló, resulta esencial para diseñar servicios y políticas eficaces.
El mensaje también advirtió sobre las presiones que enfrentan los jóvenes, entre ellas la incertidumbre económica y los daños del entorno digital, así como sobre el sufrimiento de quienes viven conflictos y crisis humanitarias. En estas situaciones, la interrupción de los servicios puede agravar las dificultades.
Guterres pidió invertir en atención centrada en las comunidades y relacionó la recuperación con el acceso a vivienda, educación, empleo y apoyo social. El planteamiento sitúa a la persona y sus derechos en el centro de la respuesta.
Escuchar tiene, por tanto, una consecuencia práctica: incorporar las necesidades y preferencias de los usuarios a las decisiones sobre su atención.
Las preguntas que Venezuela debe hacerse
Para Venezuela, los datos internacionales abren una discusión necesaria: ¿dónde puede acudir una familia cuando necesita ayuda?, ¿cuánto cuesta sostener la atención?, ¿qué capacidad tienen las escuelas para orientar a sus estudiantes?, ¿qué apoyo recibe un trabajador que atraviesa una dificultad?
Las cifras mundiales citadas en este trabajo describen el panorama internacional y no constituyen estimaciones de prevalencia para Venezuela. Su utilidad está en mostrar la dimensión del desafío y los aspectos que deben examinarse al evaluar la respuesta nacional.
Una agenda pública sobre salud mental necesita información verificable sobre cobertura, costos, personal y continuidad de los servicios. También requiere que las familias sepan dónde buscar atención y que quienes la soliciten encuentren un trato respetuoso.
Después de la conmemoración, la medida del compromiso será concreta: una consulta disponible, una escuela que pueda orientar, un lugar de trabajo que ofrezca apoyo y una familia que encuentre acompañamiento.
La salud mental no puede esperar a la próxima campaña. Necesita atención durante todo el año.

