«No se puede ordenar la macroeconomía a costillas del sufrimiento de los menos favorecidos». La gente primero. Por Bruno Gallo

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A finales de la década de los 80 del siglo pasado una Organización No Gubernamental de las más serias del país, uso como slogan la frase “La gente primero, la deuda después”. Eran días de un intenso debate público sobre la necesidad de un programa de reformas económicas que pusiera fin a décadas de desorden: Controles de precios y cambio, déficit fiscal, escasez, fuga de capitales, mengua de las reservas internacionales, corrupción etc.  El “Gran Viraje” puso su foco en ello, pero, pequeño detalle, se olvidó de la gente antes de poner “manos a la obra” con las correcciones. También fueron tiempos de renegociar la deuda. Jaime Lusinchi ya había intentado “el mejor refinanciamiento del mundo” para declarar luego “la banca me engañó”.  Pero justo es reconocer que su equipo político-comunicacional logró que saliera del poder con una alta popularidad. Es decir, si hubiera existido la barbaridad de la reelección indefinida, Jaime habría seguido destruyendo la economía.

El equipo de Pérez II (los Chicago Boys), a todas luces más diestros desde el punto de vista técnico económico logró un mejor refinanciamiento (sobre todo si atendemos a las últimas declaraciones de Miguel Rodríguez). Pero con una debilidad esencial se olvidaron de las dolencias de la gente que esperaba el retorno de la danza de millones del primer gobierno de CAP. Y no hay que ser un gran analista para relacionar la ruptura de las expectativas con la espontánea Rebelión que se ha dado en llamar El Caracazo.

38 años después, vuelve a ponerse el acento en un programa de reformas macroeconómicas, se restituye la relación con el FMI (justo y necesario) y se inicia de forma nada transparente y con sobreprecio, de la mano de  Centerview Partners y Hogan Lovells, una negociación para renegociar la deuda venezolana. Para añadir opacidad se comienzan a escuchar cifras que los expertos no alcanzan a comprender y mucho menos a validar. Citando a Miguel Rodríguez nuevamente: “Ese refinanciamiento es un robo” y agregó con su habitual desenfado “Venezuela no debe prácticamente nada. Esa deuda no vale ni el 10%… No sigan repitiendo esa estupidez”.

Otro Rodríguez, menos hierático, Francisco, alerta sobre la implicación de una deuda de una magnitud que se repite sin ton ni son. Esa cifra, pone sobre los hombros de todo venezolano, niño, niña, mujer u hombre la bicoca de 8.500$ de deuda. Lo que supone la inminente  necesidad de sincerar las estimaciones o aceptar una hipoteca difícil de cancelar y que asegura largo tiempo de “tutoría” neocolonial.

Pero volvamos a lo importante, lo vital, pudiéramos decir. La deuda que es menester poner en boca de cada gobernante o técnico a su servicio, cada economista o político, la deuda social. La deuda con la gente que debe ser atendida prioritariamente.

La economía se contrajo fatalmente, hasta 80% según algunos cálculos. Independientemente  de las causas (la corrupción y el desfalco para mi amigo Johnny o las medidas coercitivas unilaterales para la negra Elizabeth)  el hecho es que la cuerda reventó por lo más delgado: deterioro de la calidad de vida, la capacidad de compra, la remuneración y las condiciones laborales, un salario mínimo que hace honor a la palabra “mínimo” según Daniel Octavio el joven nieto de Carlos Texeira.

Y a esto se agrega, la destrucción de las organizaciones sindicales, el fin de la contratación colectiva, la total ausencia de institucionalidad jurídica o administrativa (tribunales laborales o Inspectorías del trabajo) que decida y sus decisiones sean acatadas.

Cientos de trabajadores de PDVSA, Corpoelec, educadores etc… han sido despedidos de manera injustificada, las inspectorías ordenan “reenganches”, pero NO SE EJECUTAN!! Relegando al hambreado por  sueldos miserables a doblemente hambreados por el desempleo de hecho, eludiendo el derecho.

Es tiempo de restituir la calidad de vida de los sectores populares, de los trabajadores públicos o privados, de los docentes de todos los niveles, de los profesionales al servicio del Estado, de los jubilados y pensionados que pusieron su vida, saber y esfuerzo al servicio del país.

Tiempo de sustituir los programas sociales asistenciales y populistas con objetivos electoreros, por verdaderas políticas estructurales de superación de la pobreza,  reivindicación y  dignificación del trabajo y el salario. Tiempos de quitar de la cabeza de la Nación las espadas de Damocles que comprometen el futuro: Salud, Educación y Nutrición deficitarias en su calidad.

Si. Claro que es necesario ordenar la macroeconomía, pero no a costillas del sufrimientos de los menos favorecidos. Que paguen los que fugaron capitales, no los que construyeron prosperidad, con sudor o  privaciones.

Ahora que Mr. Trump anuncia un flujo enorme de petróleo y minerales (ellos tienen de todo, dice) de aquí hacia USA y un enorme flujo de dólares del Tesoro Estadounidense hacia Venezuela (que nos hace “bailar en las calles”), no puede ocurrir que se vuelva a relegar a la gente y sus enormes necesidades al segundo plano. Hoy como nunca el país debe generar un consenso, casi unánime.  Los chavistas originarios y de nueva data, los opositores de todos los pelajes, los trabajadores y el empresariado debe comprometerse con el principio resumido en la vieja consigna: La gente primero, la deuda después. 

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