Regreso del exilio, acepto una amnistía y asumo el compromiso de contribuir a esta nueva etapa porque creo que venezuela necesita acuerdos, instituciones sólidas y elecciones libres.
La transición que hoy vivimos es resultado de la lucha de millones de venezolanos, del liderazgo político de la oposición, de la legitimidad del voto popular y de los acontecimientos ocurridos a partir del 3 de enero, que abrieron una oportunidad política que debemos preservar.
Se acaba mi exilio y regreso a Venezuela para sumarme a este proceso de 3 etapas. Después de todo lo que he pasado, me resulta imposible ser un simple espectador. Como secretario de la Asamblea Nacional y director del Despacho de la Presidencia asumí posiciones contra el régimen de Maduro que tuvieron enormes costos personales y familiares. Me trataron como un enemigo y, como dice mi esposa Romy, nos desbarataron la vida.
A Romy, a mi hijo Raúl y a toda mi familia les pido perdón por todo lo que les hice pasar. Los amo profundamente. Pero era mi deber. Espero que todo lo vivido haya valido la pena y que Venezuela encuentre un camino de libertad, reconciliación y prosperidad.
Me presenté ante una justicia en la que tengo razones para no confiar, pero era un paso necesario para apoyar este proceso. La transición solo avanzará si estamos dispuestos a dar pasos incómodos.
Estamos en la segunda etapa, recuperación económica, liberación de los presos politicos, retorno de los exiliados y rescate de las instituciones de la República.
La ruta hacia la transición exige acuerdos, incluso con quienes nos persiguieron y encarcelaron. No para olvidar lo ocurrido, sino para construir las condiciones que permitan una elección libre y democrática donde sea el pueblo venezolano quien decida el futuro del país.
Roberto Marrero
Venezolano en Venezuela.


